¡Joder! Otra vez no... Son la
s tres y media de la mañana. No puedo dormir. Tal vez mi cuerpo no necesite descansar más. O tal vez mi consciencia me perturba. Miro a mi alrededor. Sólo soy capaz de intuir aquellas formas que conozco. La silla, el armario, mi chaqueta... Escucho el sonido del agua de la pecera cayendo en cascada. Por la ventana entra poca luz y no se aprecia ningún otro ruido. Sí, sí se aprecia: el del fluorescente situado encima del ascensor a punto de fundirse. Me muevo. Las sábanas hacen fru-fru y mi respiración se funde con ellas. Mis pestañas acarician esos ropajes anaranjados ahora ciegos y crean una percepción distinta. Los ropajes de las camas son fantásticos intrumentos para recordar, pues son capaces de absorber el olor de las personas. Sí, percibo su olor. Aspiro fuertemente y las aletas de mi nariz silban. Tengo algún recuerdo material suyo. Me encantan los pequeños regalitos que me hacen las personas, porque al verlos, tocarlos, sentirlos recuerdas mejor. Lo siento peces, debo encender la luz. Clac, una luz tenuemente anaranjada como a mi me gustan se esparce por la habitación, dándole un tono cálido. Y miro esa estantería, donde suelo poner esos pequeños presentes que custodian mis libros y, así, cada día acordarme de todas esas personas a las que quiero... El buho de L, el mini - Mini de M, el caballo de A, la pluma estilográfica de M y P... también está mi cryptex, que oculta aquello más preciado para mi... Ahora entiendo. Ahora ya sé el porqué. Me he despertado porque soñaba con todas esas personas que significan algo para mi y necesitaba recordárlas vivamente. Clac, vuelvo a apagar la luz. La habitación vuelve a quedar a oscuras. Pero huele mejor. Buenas noches peces, mañana os haré un regalo.
Texto: Hermes dixit.
Imagen: La estantería con algunos recuerdos vivos.
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miércoles, 14 de mayo de 2008
··· Recuerdos somníferos ···
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