lunes, 12 de mayo de 2008

··· Llameante fin ···


Y así termina ésta historia. Ahora que empiezo a otear el fin, no soy capaz de recordar cómo empezó todo. ¿Un nacimiento? ¿Un grito? ¿Un lloro? ¿Una discusión familiar? ¿Una amenaza? ¿Un beso? ¿Ternura? ¿Sangre? ¿Viajes semanales? A saber...

Lo único que con certeza sé es lo que yo soy en este aquí y ente ahora. El largo viaje que he recorrido para llegar hasta donde he llegado, convirtiéndome en eso que soy. Un ser despreciado por lo apreciable y mal tratado por la belleza de un "porque yo lo digo.

Pero por eso mismo digo que ha llegado el final, porque el ave fénix, al morir, revive de sus cenizas desplegando sus cálidas y llameantas alas de amable plumaje. Y aunque algunos monstruos desprecien dicho ave, otros sabios seres lo apreciarán y suyo se lo harán.

Y eso no depende del fénix, él sabe cómo es y también sabe que no todo el mundo ve las cosas con los mismo ojos. Sabe que cuando el sabio señala la Luna, el discípulo sólo ve el dedo. Y aunque se haga todo lo posible para cambiar esos ojos, no lo harán. Pero siempre queda el consuelo de aquellos que lo quieren.

Que el Sol se oculte, no significa que no esté.

Y así termina ésta historia... o tal vez empiece otra...


Texto: Hermes dixit.
Imagen: Cala Culip, la semana pasada... Que el Sol se oculte, no significa que no esté.
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